Walker/Jess:
Es poco lo que puede hacer la
cachucha mágica de Arias, bajo
techo, igual que la del eterno Abelito
DNCD, en caso de que Dios juegue
billar con la Tierra. Ta’ bien que el
planeta tiene una atmósfera que lo
protege, pero es para los cuerpos
más pequeños.
La fricción los calienta al rojo y
termina destruyéndolos. Fíjense
en los documentales sobre viajes
espaciales: los transbordadores,
y también las antiguas cápsulas
de cohetes, tenían una gruesa
base, de 2 mts., de grosor, de
cerámica, que se ponía como
gelatina cuando penetraban a
la alta atmósfera terrestre.
Eso es lo ustedes ven cuando
miran una linda estrella fugaz…
Pero un cuerpo masivo, de unos
2 Kms., de diámetro, no podrá
ser destruido en las altas capas,
y llegará prácticamente intacto
a la superficie terrestre.
Un cuerpo así genera energía
por más de 1 millón de megatones.
Incendios, tsunamis y grandes y
espesas columnas de humo y polvo
que harían caer sobre la Tierra
una larga noche. Se perderían
cosechas, moriráin especies,
se rompería la cadena alimenticia
en eslabones importantes y…
moriríamos en medio de un
invierno nuclear.
Existe un programa, Spaceguard,
que monitorea el cielo en busca de
objetos. Los ya conocidos, hasta
el momento, no representan
peligro, pero cabe la posibilidad
de que aparezcan otros, desconocidos
hoy, de remotas regiones del espacio..
y cuando los detecten sólo quede
tiempo para expresar ¡Ay mi madre!
Así que Arias y su cachucha no
pueden ayudar. Más ayuda pueden
dar el Cardenal, Agripino y Carpio,
y sus mitras mágicas, confesando
y absolviendo a largas filas de
pecadores que irán a segura
muerte, tras ser pulverizados
por las altas temperaturas
del impacto.
Ponerse a pensar en estas vainas
da grima. Así que yo propongo,
con Horacio, el carpe diem.
Mejor pensar en una doppelbok
con gruesa capa de espuma y
7,5º de Vitus Beerhouse, que,
según me cuentan, trabaja para
celebrar OKTOBERFEST por
primera vez en Santiago.
Boris Karloff