Ser bruto, una enfermedad peligrosa, letal.
No mata por el desarrollo de un cuadro
patológico evidenciado por síntomas, sino
por la imposibilidad de desarrollar y usar las
herramientas necesarias en la lucha por la
vida.
Ser inteligente no es lo mismo que saber
muchas cosas, sino estar en condiciones
de hacer uso de la información disponible
para un fin determinado.
El hombre de hoy, hay que reconocerlo,
es mera caricatura de sus antepasados,
que tuvieron que luchar para sobrevivir,
día a día, luchando contra las fuerzas naturales,
con otra especies y finalmente contra sus
iguales.
Examinando una huella un cazador sabe
el tamaño, la condición y hasta el tiempo
en que por ahí pasó su presa: la huella
puede estar seca o húmeda, sea en el
centro o en los bordes, con marcadas o
incipientes grietas, limpia o con fragmentos
de hierba acumulados, más profunda hacia
un lado... Y para esto el cazador no
precisa “saber de letras” ni dominar el
conjunto de conocimientos de un experto
en cráteres con oficina en la NASA.
El hombre actual sabe muchas cosas,
la información es poder, pero ha perdido
la vitalidad de sus ancestros, que tuvo
que guayar la yuca, sobreviviendo en
cuevas, luchando contra sus iguales,
siempre al acecho, cuando aun no existían
leyes. Debía producir, o mantener, el
fuego, crucial para cocer los alimentos
y proporcionar calor.
A medida que evolucionaba su cerebro
se iba haciendo más grande. La mano, con
pulgar prensible, permite hacer cosas, modificar
la realidad externa. Hoy pocos dan importancia
a eso que Engels llamó “el papel del trabajo en
la transformación del mono en hombre” (claro, el
mono siempre ha sido mono y el hombre, hombre;
Engels cayó en el gancho de los religioseros, de
que el mono se hizo hombre. En líneas generales,
lo que reconoce la evolución es que tanto el
hombre como el mono tienen un antepasado
común, no que uno se convirtió en otro).
El hombre actual se ha divorciado de la
Naturaleza y ha renunciado a su instinto
vital.
A uno lo cogen y lo tiran, no en el
Amazonas, para no ser radical, sino en
el Parque Nacional Jaragua, y es difícil
que el infortunado pueda sobrevivir.
Miren el trabajo que le dio a Tom Hanks
en la película esa en que su avión, de
FEDEX, cae en una isla del Pacífico y el
man no podía ni abrir los cocos de agua
ni pescar, hasta que tuvo que ponerse
creativo.
Pero aparte de eso el hombre ha sido
domesticado. Los que fueron más
inteligentes en el grupo se dieron cuenta
de los miedos y supieron explotar el filón
de la angustia colectiva, se inventaron
la religión.
Al principio el Hombre se relacionaba
de manera directa con la Naturaleza,
personalizándola conforme a sus
estándares, pero los avivatos
(siempre los hay) decidieron que ellos
iban a ser los intermediarios, los intérpretes
de las señales, los interlocutores con
los dioses...y ahí comenzó a joderse
todo.
La religión as anti-natural, pues tiende
a proteger al débil. La Naturaleza ama
al fuerte y odia al débil; el débil debe
perecer.
Hasta un Humanista como JOSE
INGENIEROS lo reconoce. Por eso no
es exagerado afirmar que el cristianismo
es degenerativo, pues asume la defensa
de los débiles, de los que están llamados
a morir.
Los hace inmortales, los asume como
modelo, cuando no son más que rudimentos
sociales, errores que deben ser corregidos
en la lucha por la vida. Así las cosas,
la religión opera una especie de selección
artificial, propiciando el desarrollo de no-
hombres, de individuos domesticados, cuyos
instintos han sido anestesiados. El hombre
actual carece de vitalidad, su existencia
luce maquillada con vainas llamadas
convencionalismos sociales.
Jijijijijiji. Luego de la guerra nuclear
entre Oriente y Occidente, o del choque
de un gran meteorito con la Tierra, que
nos lleve de nuevo a una Edad de los
Metales, sólo aquellos que sepan dónde
buscar las más nutritivas cucarachas
podrán sobrevivir.
Lo veo muy difícil, pues ya estamos
acostumbrados a resolver todo con
un click. Ni los teléfonos de los amigos
conocemos, pues los registramos con
su nombre. Por eso es que cuando un
celular se pierde es como si se acabara
el mundo. No sé qué pensará el casi
olvidado Ovejito Fadul, que después de
las elecciones como que perdió vigencia,
pues ya nadie lo menciona, pero es interesante
pensar si el cerebro humano se sigue
desarrollando o, por el contrario, si la vida
sedentaria y el conocimiento simplificado
apuntan hacia una involución.
De hacer todo manual se ha pasado
a los clicks. Quizás en el futuro
tengamos gente con el caco chiquitico,
con cerebros atrofiados.
Cuando yo estudié Algebra en la Escuela
Presidente Trujillo tenía que fajarme a
calcular. Ahora veo a mis nietos
armados de unas calculadoras con
muchísimos botones y funciones, que
tiran hasta gráficos. Hasta viendo las
guerras uno se da cuenta de lo light
que se ha vuelto todo. Ya es historia
el soldado heroico, que peleaba en las
trincheras, cuerpo a cuerpo; viendo
las guerras actuales, en vivo, por CNN,
uno se topa con una especie de
Terminator, con muchísimas vainas
enganchadas; pero estos androides
entran en acción después que ha
tenido lugar la guerra a control
remoto.
Las facultades que no se desarrollan
se pierden, el músculo que no se ejercita
se atrofia. El hombre actual sabrá
muchísimas más cosas que sus ancestros,
pero no creo que sea más inteligente.
También es más propenso a enfermedades
pues ha perdido el vínculo con la
Naturaleza.
Boris Karloff