¡Nihil novum sub sole! ¡Nihil novum sub sole!
Parcero Wálker, insisto en que para comprender la sociedad actual hay que retomar los clásicos criollos. Así muchos se evitan tener que rasgarse las vestiduras, asombrarse más de la cuenta o dejarse estafar por ilusionistas de nuevo cuño, que se promocionan como "lo nuevo", "lo diferente"; pero un vistazo a sus afiches de campaña dan cuenta del engaño: distorsionan y falsean hasta su propia imagen; ergo: son más de lo mismo, del montón. Lo que buscan es llegar. Por eso me quedo con Boquechivo: prefiero ladrón conocido a ladrón por conocer... y con hambre atrasada, más ávido y voraz que los que ya están buchuses.
Les dejo la anécdota, tomada de los Apuntes de Nicanor Jiménez.
Cuando Lilís fue a San Francisco de Macorís a inaugurar un tramo del ferrocarril se le extravió la maleta en que llevaba el dinero para empleados, militares, ayudantes, etc. Tres días después, en medio de las fiestas, se apareción un pobre diablo, conocido como Sargento La Cruz (había sido soldado) y pidió ver con urgencia al Presidente de la república. Lilís lo mandó a entrar a la reunión en que se encontraba y el man le dijo:
- General, yo me encontré esta maleta, y por las iniciales, U.H., supongo que es de usted.
Lilís abrió la maleta, sin hablar, para que vieran el contenido, luego metió la mano en el bolsillo del chaleco, sacó 4 centavos y se los entregó al Sargento La Cruz. Este, sorprendido, le dijo a Lilís:
- General ¿Qué es ésto?
Lilís le respondió:
- Cuatro centavos, dos centavos para un lazo y dos centavos para una vela de cebo.
Boris Karloff