Walker, mientras disfrutaba de una Maisel Weisse, heffe weissebier, aún bombardeado por las vainas de la política y hasta por el anuncio de rebuses callejeros no pude dejar de evocar a LENIN (no el abogado, sino Vladimir I. Ulianov, el de la Revolución de 1917).
Ayer pensaba, mientras llovía, que los politicastros criollos, especialmente los aspirantes a líderes, deben releer (¡En el hipotético pero remoto caso en que lo hayan hecho ya!) los clásicos criollos, que, para los fines buscados, no son tantos. Pensé en Juan Isidro Jimenes-Grullón y sus 3 volúmenes de Sociología Política Dominicana; en su menos voluminosa obra: La República Dominicana, análisis de su pasado y presente. También la Dictadura con Respaldo Popular, de un Bosch ya con un pie afuera del PRD y que estaba bravito con la “democracia representativa” y los “mataderos electorales”.
Pero, para los más light, que gustan ver la historia a través de películas y novelitas, está la famosa compilación de Don Emilio Rodríguez Demorizi: Cuentos de Política Criolla. De esta colección, breve, cabe destacar uno de José Ramón López, Al pobre no lo llaman para cosa buena, y otro, mortallllllll, sobre todo para los “salientes” o “quemados”, cual Garrotero Sued: Cohetes tirados.
Hay que beber de la fuente de los clásicos, como lo hicieron los viejos. No te confundas, parcero, que aunque se trata de cuentos, reflejan la esencia del Ser del dominicano, claro, sobre un vehículo de ficción, como la vaina Da Vinci de Dan Brown.
Cuando llevaba mi Maisel Weisse casi en el fondo, esperando una Doppelbock Speziator, de malta muy tostada, me empezaron a fluir ideas, al estilo de aquel famoso del Listín. El Papel del Individuo en la Historia de Jorge Plejánov, que Bosch cita en La Función del Líder... Son pocos los principios sobres los que se cimienta un liderazgo, por más vainas que te pinten en librillos de crecimiento personal, vaina de Caminos, marketing y otras hierbas.
La vaina es que de tanto cerebrear a ritmo de cebada malteada y lúpulo, llegué hasta los primigenios días de octubre de 1917, cuando, bajo la consigna de TODO EL PODER PARA LOS SOVIETS, Lenin acabó con la doble segmentación del poder.
Parcero, estas son vainas de borrachos, pensamientos disparatosos del que se sienta a beber solo en una mesa, oyendo a Felipe Rodríguez, Daniel Santos y María Luisa Landín de fondo, no me hagas caso; cualquier similitud con el morado mapa nacional es pura coincidencia. Pero retén la frase, que queda como colofón del proceso: todo el poder para los soviets.
Boris Karloff