SOCIOLOGIA DEL COMER. Atención Walker
(subir tipo longaniza; no se lee si va directo
a sección).
Walker, ya se ha perdido la tradición de comer
en la mesa, en familia. En parte es culpa de
la TV; ahora todos los chamaquitos tienen TV
propia y se van al cuarto a comer, y salen
ya para llevar el plato a la cocina.
Esto tiene implicaciones importantes,
hermano: se reduce la comunicación.
Ahora ves a gente que trabaja en la justicia
pidiendo modificar leyes sobre menores,
pero creo que la fiebre no está en la sábana.
Esa vaina es más complicada, y supera lo legal.
Y es que en la mesa, durante el almuerzo o la
cena, se abre un espacio para SOCIALIZAR.
La mirada escrutadora de los padres, como
la de los agentes de la famosa Kripo
(Kriminal Polizei), Gestapo (Geheime
Staatspolizei), la KGB o el famoso SIM, se
daban cuenta rápido de si algo andaba mal
sólo por la forma de comer o de servir el
agua. Seguro tú, que conocés bien a tus
perras, sabes a qué me refiero: actitudes
sospechosas, fuera de lugar. En los perritos
es usual que escondan el rabo (claro, si no
es Doberman mutilado) entre las patas y
bajen las orejas; cambian hasta en la forma
de andar, como esquiva y cerca de rincones.
Uno es igual, y quien lo conoce, sabe.
Al reducirse el contacto por la complejidad
de la moderna vida el monitoreo paterno se
debilita. El mardito muchacho siempre está
trancado usando la computadora o viendo TV
o jugando vainita Nintendo, Sega…
Cuando yo era muchacho, que había TV
de tubos, que había que esperar que calentara,
TODOS teníamos que ver TV juntos, pues era
una sola, colocada usualmente en la sala.
Era obligado compartir. Ya no.
Lo mismo pasa con la comida.
¿Sabes que existe toda una “Sociología del
comer y beber”? Actualmente la gente como
de prisa, rapidito. Decía Ernesto Sabato
(Uno y el Universo) que los medios se han
convertido en fines: antes la gente , cuando
comía, miraba el reloj, para saber qué hora
era; ahora miran el reloj para saber cuándo
tienen que sentir hambre. Así no, eso no
hace bien.
Muchas enfermedades de las que hacen ricos a
Juanchy Batlle y Russell tienen su origen no en
lo que se come, sino en cómo se come, en los
malos hábitos de horario y actividades pre y
post comida.
Por eso te aconsejo: si tenés prisa, mejor
pica algo y come después, pero no te
empujes el bocado, mirando de reojo el
minutero y calculando el tiempo que
tomarás para llegar al trabajo o a una
reunión.
Esa vaina mata lentamente. El stress te
hace segregar mayor cantidad de ácidos
o bien te puede provocar dispepsia, digestión
“trabajosa” como dice cierto amigo.
Como colofón a la filosofía de Miguel
Sang, me atrevo a agregar: o se come
tranquilo, o no se come. Es mal negocio
hacerlo bajo tensión, como si uno
peleara, cubiertos en manos. Así ni se
disfruta, ni aprovecha, ni cae bien
cualquier vaina.
Pero no confundas. Una cosa es comer
bajo stress o tratando temas desagradables,
discutiendo, y otra dialogar durante la
comida. El que ha ido al Salón de los Espejos
en Golden Peje sabe qué quiero expresar.
Jijiji.
Otra vaina: la gente ya no suele apreciar
la comida como antes. Primero te matan
con sazones líquidos o sólidos que te suben
la presión y segundo, te tiran las cosas en
la mesa, como las frituras que hace años
vendían en el Estadio Cibao (las iban
sacando y formaban una pila de carne frita
y tostones sobre trozos de papel; las
de arriba estaban más calientes porque
eran las últimas que se sacaban).
No es difícil, aun sin tener patio,
disponer de ciertas hierbas y hojas frescas:
orégano, albahaca, romero, hierbabuena,
salvia. Todo eso se puede desarrollar en
una maceta del patio. Si tenés espacio (y
tiempo) podés tener tomates, rábanos,
lechuga…
Se honra al visitante cuando se le dice:
todo lo servido hoy ha sido hecho en casa,
incluso el pan. Yo mismo cociné.
Después, la SOBREMESA. Ahí es oportunidad
de hablar de todas las vainas que le lleguen
a uno al caco, mientras se le da muerte a
otra botella, se le arranca un lado a la tableta
de turrón o alguien se antoja de colar café,
preparar té o terminar de bajar lo que
queda del licor digestivo en una botella.
Mientras todo eso pasa, se escucha en
el fondo una suave música. Cuentos,
historias, recuerdos, libros, música,
ciencia, lo que sea…
Pero esto se ha ido perdiendo. Siempre
hay un energúmeno jodiendo con un
Blackberry, o BB, como le llaman. Hablar
de sobremesa es hablar de velada en una
casa.
Ni se te ocurra hacer lo mismo en algún sitio.
En Golden Peje los muchachos se colocan
en una especie de fila a medida que se
acerca la medianoche, o dan vueltas a tu
alrededor como harían los tiburones con
una yola al garete. Este lenguaje es
entendible.
Por eso, Cyberjodón, he marcado
tendencia a alejarme del medio, a hacer
mis propias cosas, y en mi propio
ambiente. Lo disfruto más y me sale
muuuucho más económico (un dueño de
restaurant saca 3 veces lo que invierte
en un plato).
Os aconsejo que socialicen la comida (antes,
durante y después). No se arrepentirán, verán
que la disfrutan más, les cae mejor y a la
vez fortalecen relaciones sociales, que tan
fragmentadas hoy día están.

Boris Karloff
