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SOCIOLOGIA DEL COMER

   Por : BORIS KARLOFF
  2010-04-16 09:29:13     
 

SOCIOLOGIA DEL COMER. Atención Walker

(subir tipo longaniza; no se lee si va directo

a sección)‏.

 

Walker, ya se ha perdido la tradición de comer

en la mesa, en familia. En parte es culpa de

la TV; ahora todos los chamaquitos tienen TV

propia y se van al cuarto a comer, y salen

ya para llevar el plato a la cocina.

 

Esto tiene implicaciones importantes,

hermano: se reduce la comunicación.

Ahora ves a gente que trabaja en la justicia

pidiendo modificar leyes sobre menores,

pero creo que la fiebre no está en la sábana.

 

Esa vaina es más complicada, y supera lo legal.

Y es que en la mesa, durante el almuerzo o la

cena, se abre un espacio para SOCIALIZAR.

 

  La mirada escrutadora de los padres, como

la de los agentes de la famosa Kripo

(Kriminal Polizei), Gestapo (Geheime

Staatspolizei), la KGB o el famoso SIM, se

daban cuenta rápido de si algo andaba mal

sólo por la forma de comer o de servir el

agua. Seguro tú, que conocés bien a tus

perras, sabes a qué me refiero: actitudes

sospechosas, fuera de lugar. En los perritos

es usual que escondan el rabo (claro, si no

es Doberman mutilado) entre las patas y

bajen las orejas; cambian hasta en la forma

de andar, como esquiva y cerca de rincones.

Uno es igual, y quien lo conoce, sabe.

 

  Al reducirse el contacto por la complejidad

de la moderna vida el monitoreo paterno se

debilita. El mardito muchacho siempre está

trancado usando la computadora o viendo TV

o jugando vainita Nintendo, Sega…

 

Cuando yo era muchacho, que había TV

de tubos, que había que esperar que calentara,

TODOS teníamos que ver TV juntos, pues era

una sola, colocada usualmente en la sala.

Era obligado compartir. Ya no.

  Lo mismo pasa con la comida.

 

  ¿Sabes que existe toda una “Sociología del

comer y beber”? Actualmente la gente como

de prisa, rapidito. Decía Ernesto Sabato

(Uno y el Universo) que los medios se han

convertido en fines: antes la gente , cuando

comía, miraba el reloj, para saber qué hora

era; ahora miran el reloj para saber cuándo

tienen que sentir hambre. Así no, eso no

hace bien.

 

Muchas enfermedades de las que hacen ricos a

Juanchy Batlle y Russell tienen su origen no en

lo que se come, sino en cómo se come, en los

malos hábitos de horario y actividades pre y

post comida.

 

  Por eso te aconsejo: si tenés prisa, mejor

pica algo y come después, pero no te

empujes el bocado, mirando de reojo el

minutero y calculando el tiempo que

tomarás para llegar al trabajo o a una

reunión.

 

Esa vaina mata lentamente. El stress te

hace segregar mayor cantidad de ácidos

o bien te puede provocar dispepsia, digestión

 “trabajosa” como dice cierto amigo.

 

  Como colofón a la filosofía de Miguel

Sang, me atrevo a agregar: o se come

tranquilo, o no se come. Es mal negocio

hacerlo bajo tensión, como si uno

peleara, cubiertos en manos. Así ni se

disfruta, ni aprovecha, ni cae bien

cualquier vaina.

 

  Pero no confundas. Una cosa es comer

bajo stress o tratando temas desagradables,

discutiendo, y otra dialogar durante la

comida. El que ha ido al Salón de los Espejos

en Golden Peje sabe qué quiero expresar.

Jijiji.

 

  Otra vaina: la gente ya no suele apreciar

la comida como antes. Primero te matan

con sazones líquidos o sólidos que te suben

la presión y segundo, te tiran las cosas en

la mesa, como las frituras que hace años

vendían en el Estadio Cibao (las iban

sacando y formaban una pila de carne frita

 y tostones sobre trozos de papel; las

de arriba estaban más calientes porque

eran las últimas que se sacaban).

 

  No es difícil, aun sin tener patio,

disponer de ciertas hierbas y hojas frescas:

orégano, albahaca, romero, hierbabuena,

salvia. Todo eso se puede desarrollar en

una maceta del patio. Si tenés espacio (y

tiempo) podés tener tomates, rábanos,

lechuga…

 

  Se honra al visitante cuando se le dice:

todo lo servido hoy ha sido hecho en casa,

incluso el pan. Yo mismo cociné.

 

  Después, la SOBREMESA. Ahí es oportunidad

de hablar de todas las vainas que le lleguen

a uno al caco, mientras se le da muerte a

otra botella, se le arranca un lado a la tableta

de turrón o alguien se antoja de colar café,

 preparar té o terminar de bajar lo que

queda del licor digestivo en una botella.

 

 Mientras todo eso pasa, se escucha en

el fondo una suave música. Cuentos,

historias, recuerdos, libros, música,

ciencia, lo que sea…

 

  Pero esto se ha ido perdiendo. Siempre

hay un energúmeno jodiendo con un

Blackberry, o BB, como le llaman. Hablar

de sobremesa es hablar de velada en una

 casa.

 

Ni se te ocurra hacer lo mismo en algún sitio.

En Golden Peje los muchachos se colocan

en una especie de fila a medida que se

acerca la medianoche, o dan vueltas a tu

alrededor como harían los tiburones con

una yola al garete. Este lenguaje es

entendible.

 

  Por eso, Cyberjodón, he marcado

tendencia a alejarme del medio, a hacer

mis propias cosas, y en mi propio

ambiente. Lo disfruto más y me sale

muuuucho más económico (un dueño de

restaurant saca 3 veces lo que invierte

en un plato).

 

  Os aconsejo que socialicen la comida (antes,

durante y después). No se arrepentirán, verán

que la disfrutan más, les cae mejor y a la

vez fortalecen relaciones sociales, que tan

fragmentadas hoy día están.

 

Boris Karloff