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La tragedia del Dr. Atkins, según reflexión matutina de Boris Karloff

   Por : BORIS KARLOFF
  2010-03-19 10:41:59     
 
Tanto nadar para morir ajogao en la orilla dicen algunos. Hoy me desperté con el Dr. Atkins en la cabeza, quizás un recuerdo inconsciente por no haber podido hacer rutina de ejercicios ayer debido a los Dos Pesos de Agua que cayeron. El pobre Atkins, el de la Revolución Dietética. Tantos consejos, tanta salud, tantos estudios y un mal día se resbaló en la nieve, se cayó y se partió la cabeza. Murió el Dr. Atkins. La vida (mejor dicho, el encadenamiento fenoménico-causal que llamamos vida) a veces juega pesadas bromas. Alguien que nunca se ha metido un cigarrillo en la boca muere de cáncer de pulmón. Otro que nunca se ha bajado un trago, abstemio, padece cirrosis hepática. Yo hasta conocí un perro, un Pastor Alemán, ligado, que murió de cirrosis ¡Pobre perro! A pesar de que el Dr. Ginebra había dicho que no tenía salvación el dueño decidió mantenerlo vivo, a pesar de los gemidos y falta de apetito. Yo me ofrecí para ejecutarlo sin dolor, como recomienda el mejor amigo de los perros de la Historia Universal, Axel Munthe (La Historia de San Michele). El envenenamiento es inhumano, les resulta doloroso, y aunque no se quejan, hay razones para deducir que se produce luego de dolorosos espasmos, tras lo cual llega el fatal choque cardiogénico. Munthe, y reitero que fue filántropo amante de los animales, pero de los perros en particular, recomendaba un tiro de revólver en el oído. Aunque suene chocante, su muerte es instantánea. Pero sigamos con Atkins, que lo del perro es marginal, a propósito de la cirrosis hepática.
 
 Ya te había comentado sobre el concepto aristotélico de mesotés, el justo medio. No hay que ser radical. Bajarse sus traguitos ocasionalmente, un día una vara completa de longaniza con fritos, una pizza entera, y luego una vaina de esas que hacen en Häagen-Dazs y que bien puede ser igual a una comida completa. PERO OCASIONALMENTE, no como regla, porque se te tapan las arterias y eso no es bueno. Esos permisos ocasionales debés complementarlo con una rutina de ejercicio, no para matarte en un gimnasio, pero sí continua, regular. Eso lo complementas con algunas de las cosas que ya te he dicho. Esta frase me la acabo de inventar: Para vivir, no hay que dejar de “vivir”.
 
 Eso fue lo que pensé hoy cuando abrí los ojos y me acordé que ayer no pude ejercitarme luego de haber tragado como vehículo de 8 cilindros. Bueno, hoy se compensará, haciendo el doble de la rutina y comiendo sólo la mitad. Mesotés, equilibrio, como los famosos vasos comunicantes que el profesor de Física le ponía a armar a uno, que, aunque echaras mucha agua en uno cualquiera, el nivel de todos, al final, es el mismo. Jijijiji.
 
 Pobrecito Dr. Atkins, tan saludable, organizado y disciplinado en el comer, se cayó en la calle y se mató. Ahora me asalta la mente algo que narra Martí (pero no Martí GLP, amigo del turquito Fadul, sino José, el Apóstol de Cuba). En La Edad de Oro dice algo sobre un niño prodigio de Lübeck, que aprendió de memoria casi toda la Biblia cuando tenía dos años; a los tres años, hablaba latín y francés; a los cuatro ya lo tenían estudiando la historia de la iglesia cristiana, y murió a los cinco. De esa pobre criatura puede decirse lo de Bacon: "El carro de Faetón no anduvo más que un día". Jijiji.
 
 Por eso he decidido seguir el camino del sibarita, pero un sibarita comedido (jajaja, esto suena a antinomia de Kant). La ecuación es la siguiente: jartura + ejercicios + complementos = vida equilibrada y saludable. Lo de los complementos es para compensar algunas de las cosas que uno no consume (o cree que consume, sin tener en cuenta que ciertos elementos, como el zinc, ya no se hallan presentes en los alimentos llamados a contenerlos, debido al agotamiento de los suelos). El que quiera tener zinc en su organismo, debe tomarlo como complemento.
 
 Así pues, hago omiso caso a los que dicen que la carne hace daño. Nada mejor que un buen ribeye asado, con su bandita de grasa tostada en el borde y un Protos Reserva, con papas salteadas como guarnición, para luego coronar con helado de avellanas, bizcocho de 10 capas de chocolate de La Cuchara de Madera,  y un digestivo o espresso doble. Claro, eso implica posterior compensación.
 
 No dejes que te pase como al pobre Dr. Atkins, el de las dietas calculadas y buena salud, pero que se mató al darse estrallón en una calle cubierta de nieve.
 
Boris Karloff