Walker, el capitalismo (o, en nuestro caso: el
campitalismo) funciona en base al esquema
dinero-mercancía-dinero, o sea, comprar para
revender. Es el típico acto de comercio.
No te voy a partir el caco con David Ricardo,
Keynes, Marx y demás hierbas. Pero creo que
en nuestro país el dinero, la moneda, están
siendo sustituidos, como en la economía de
trueque, por otros valores de cambio: mentas
verdes, chiclets, Halls y Cloret’s. Walker,
sobre todo en los colmados, compras una cerveza,
galleticas saladas, una botella de agua, Malta
India o un Gatorade y cuando pagas no te devuelven
con la especie que manda a fabricar el Banco Central,
sino con golosinas.
Yo le dije a un colmadero:
Pero yo soy diabético!!! No me dé mentas. Jijiji.
Es chiste, pero me gustó verle la cara.
La vaina es que los precios no son redondos,
además con la vaina del ITBIS los redondos se
ponen medio esferoides. Walker, tengo una
gaveta llena de Cloret’s y chiclets Adams.
Yo la llamo “alcancía” porque es consecuencia
de transacciones monetarias que he hecho.
Creo que, si la cosa sigue como va, en los
bancos tendrán paleteras, como aquellas que
había frente al Cine Doble, el Galaxia y el
Colón, cuando aún venían las paletas de
chiclet Dubble-Bubble, las del papalito
amarillo y rosado.
Esa empresa quebró y creo que se fue a Panamá.
Eran las mejores paletas. Pago con Protos o con
Martín Códax si me consigues una funda.
Yo me pregunto, si voy donde un dealer mocano
con 2 furgones de golosinas ¿Me dan un carro?
Por lógica pienso que sí, porque esas golosinas son
admitidas como valores de cambio. Si voy donde el
Modolo y le pongo encima de la mesa 2 fundas
de mentas de guardia ¿Me sirve una lasagna de $190?
¿O sólo me da para un brownie con gelato artisanale?
Jijiji. Pregúntale a ver qué te dice.
Llámate a Aguilera o a Radhamés-CURSA y
pregúntale que qué creen de esta economía para
no-diabéticos. También dale un toque a Minier
o al que te manda vainas legales y pregúntale si
no se viola un derecho fundamental, consagrado
en la nueva Constitución, con esta economía de
mentas y chiclets. Yo veo en esto una
discriminación contra los que padecen
diabetis (así es que le dice la mayoría).
Es discriminatorio pagar con chiclets a los que
tenemos plancha o diente de oro. Yo pasé mal
momento cuando una vaina de esa se me enredó
entre el cielo de la boca y los molares. Tuve que
entrar a un baño a sacarme la plancha, ante la mirada
de horror de unos chavales. Jijiji.
Ya en serio.... Hace rato pasó la época en que
venía gente “del campo” a hacer alguna diligencia
a la ciudad. Te tocaban la puerta de la casa y
ofrecían barrer, limpiar el patio o fregar la loza
a cambio de “un plato de comida” o “el pasaje”.
Yo lo recuerdo. Eran otros tiempos. Era escasa
la posibilidad de que te acuchillaran brutalmente o
un passolero con otro atrás te cosiera a
tiros. Ahora no se le debe abrir la puerta a nadie,
ni a supuestos “delivery” que
andan dizque perdidos buscando una dirección.
Me viene a la mente la figura de la marchanta
(del francés marchande). Se me antoja una buena
crema de habichuelas verdes, de las que venden por
jarritos, pero hace mucho no las veo. Tendré que dar
vuelta por Mercado Pueblo Nuevo a ver si consigo,
porque esa vaina no la tienen en los supermercados
de desteñidos.
Boris Karloff
